Historia de La Villa de Espeja y sus cosas notables
  1. Introducción
  2. Evolución Histórica de la Villa de Espeja
    1. Prehistoria
    2. Espeja Prerromana
    3. Roma
    4. Edad Media
    5. Edad Moderna
    6. Edad Contemporánea
    7. Apéndice: Censos de Población
  3. Curiosidades
  4. Manifestaciones Artísticas
    1. El Convento de Jerónimos
    2. Las Iglesias Parroquiales
    3. Imaginería
  5. Bibliografía

4.- MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS

    4.1. EL CONVENTO DE JERÓNIMOS.

    A partir del siglo XV la historia de Espeja como villa y centro de una comarca de cierta entidad, va a ocupar un segundo plano como consecuencia de un hecho que, a partir de ahora, va a condicionar en gran medida el modo de vida y las relaciones habituales de la zona. Me refiero a la fundación, cerca del lugar de Guijosa, del Convento de Santa María de Jerónimos de Espeja.

   La ubicación del Convento en el término de Espeja cambiaría, de forma considerable, la mentalidad de los lugareños, las propias relaciones sociales y económicas, va a introducir en la comarca un nuevo sentido religioso y, lo que es más importante, va a constituir un foco cultural de extremada importancia e influencia[1].

   El convento de Espeja no fue, en su fundación, un foco aislado, puesto que en Fuencaliente, apenas a cinco kilómetros, existía un monasterio de monjas cistercienses con el cual coexistió hasta finales del siglo XVI en que, a causa de un incendio, el cenobio de Fuencaliente fue destruido, año 1.584, y las monjas trasladadas a Aranda de Duero.

   El Convento mantuvo una gran vitalidad durante los dos siglos siguientes a su fundación, engrandecido y favorecido por obispos y nobleza. Sin embargo, su vida activa no fue demasiado larga. En el siglo XVIII se observa una paulatina decadencia que alcanza hasta los primeros años del siglo XIX en que el abandono de la actividad es bastante notorio.

   En 1.821 se inicia el proceso de desamortización de los bienes eclesiásticos paralela a la supresión de las órdenes religiosas. El proceso se inicia en 1.821 pero perdura, en diversas etapas, hasta bien entrado el siglo. Por aquella época el Convento de Espeja permanece cerrado, fruto de su propia decadencia, tan sólo regentado y custodiado por los párrocos de Espeja y Guijosa, a la sazón, antiguos frailes profesos.

   Con la expropiación y posterior subasta de los bienes, comienza la ruina física de los edificios, incluida la iglesia. Un guarda custodia lo que queda del convento hasta que, por causas que desconozco, se elimina también esta pobre vigilancia quedando abandonado a su suerte.

   En 1.939, año de ingrata memoria; la iglesia, único edificio aún en pie, es salvajemente demolida. Anteriormente, los objetos artísticos habían sido desperdigados, gran parte repartidos entre las iglesias comarcanas; otros por el resto de España y otros, los menos, en el extranjero. No faltaron tampoco los expolios de ladrones y vecinos. No fue mala pitanza para tanta rapaz.

   Hoy en día el viajero curioso puede acercarse por los restos de lo que fue en, otro tiempo, insigne convento. Allí verá la antigua fuente, algunos jabinos, muchos escombros, unas colmenas y el paredón del hastial del coro conservado, por no se que extrañas razones[2], y que indica el lugar en donde estuvo ubicada la iglesia.

   Haciendo un ejercicio de abstracción uno puede emocionarse evocando los días de gloria del Convento. Cerrando los ojos se podrá ver la iglesia repleta de arte, el palacio de los Condes de Castrillo, la huerta plagada de frutales, los establos llenos de animales, los frailes en oración de maitines; en fin, todo un período trascendental de la historia, el arte y la cultura de nuestro pueblo. Algo que hoy no podemos disfrutar a causa de la barbarie y la incultura.

   Del Convento de Espeja no se conoce ningún trabajo concienzudo y extenso, ni de carácter histórico ni artístico. Algunos autores lo citaron de pasada o hicieron pequeños estudios relativos a aspectos concretos o muy generales: aún así existe un desconocimiento absoluto por falta de una investigación seria y elaborada.     

    En este capítulo, al igual que en el resto del trabajo, me voy a limitar a ordenar, mencionar, detallar, transcribir y, en ocasiones glosar los testimonios y los escritos que he podido encontrar de otros autores. Es por tanto un ejercicio que se ajusta a las siguientes proporciones: 80% recopilación de datos y 20% investigación.

   Para un mejor orden voy a dividir la vida del convento en tres jalones principales que resumirían sus 400 años de historia[3] en nacimiento, desarrollo y muerte.

4.1.1. FUNDACIÓN

    La fundación del Convento -o monasterio-[4] de Jerónimos de Espeja se debió  al empeño del Cardenal D. Pedro Fernandez de Frías, obispo de Osma y, más tarde, Cardenal de España. El Cardenal fue, de suyo, un personaje singular en la época; de carácter intrigante y sumamente ambicioso según cuentan las crónicas. Amado y respetado por unos; temido y odiado por otros. La fundación del Convento no se libró de mezclarse con las malas artes y la fama de su fundador y primer bienhechor, como ahora voy a relatar.

   Por varias razones el obispo D. Pedro pensó en la fundación, en el seno de su diócesis, de un convento de Jerónimos. En primer lugar por hacer una obra pía y, en segundo, por complacer al rey Enrique III que "se había aficionado a esta religión". En esto el Cardenal pareció guiarse por una especie de "peloteo". Sigamos el relato del Padre Sigüenza[5] en el que es meridiana la antipatía que siente por el bueno de D. Pedro.

   " Todo el empeño del Cardenal fue hacer una obra pia de mucho nombre por cobrarle en esto, entendiendo que no le tenian por muy devoto. Pareciendole que con edificar un monasterio de religion, que tanto exemplo dava al mundo, saldava en parte esta quiebra [...]. También pretendia dexar alli su memoria y sus huesos[6] [...]. Todos estos motivos despertaron al Cardenal para emprender un negocio ni muy de su condición, ni de sus cuydados".

   Existía cerca del lugar de Guijosa una ermita, con la advocación de Santa Agueda, en la que hacían vida contemplativa cierto número de eremitas. Determinó pues el Cardenal que fuese allí la erección del nuevo convento. Ofreció la propiedad de la ermita, las pequeñas heredades que la rodeaban y las pocas construcciones existentes a la orden de S. Jerónimo el 22 de Junio  de 1.401.[7] Mientras se acababan de perfilar los trámites administrativos, llevó al lugar a unos pocos frailes para que diera comienzo la vida conventual.

   Inmediatamente se comenzó la construcción del nuevo monasterio, un poco más abajo del lugar de la ermita, por aprovechar una fuente de agua que allí había y que aún subsiste.

   La escritura de donación de bienes para su manutención está fechada en Segovia el 2 de Septiembre de 1.402. A todos los efectos puede considerarse la cédula de fundación oficial del convento.

   Según el III Concilio de Toledo, ningún obispado tenía facultad para fundar obras monásticas y dotarlas con rentas y propiedades que supusieran más de la cincuentava[8] parte del valor patrimonial del obispado. En este documento se detallan los primeros bienes con los que empezó a dotarse al convento de Espeja. Bienes que el obispado poseía en la villa de Peñaranda y que, según la cédula, no excedían del valor máximo estipulado.

        CÉDULA DE DONACIÓN[9]

   "Donacion que hizo el Cardenal D. Pedro de Frias, Obispo de Osma, al Monasterio de Geronimos, que fundaba en Espeja, de las heredades que tenia en la Villa de Peñaranda de Duero. Su fecha en Segovia a 2 de Septiembre de 1.402. Se halla el original en el Archivo del Monasterio, y un tanto de ella en el de la Catedral. Ind. Fol. 7. Num. 10

                                          LOPERRAEZ CORVALAN

   Nos D. Pedro, por la Divina Providencia, Cardenal de Espanna, Administrador de la Eglesia, e Obispado de Osma, veyendo que todas las cosas son fallescederas de un dia a otro, e non hai cosa durable, salvo el bien que omme en el mundo face ; et especialmente en acrescentar los Divinos Oficios a servicio de Dios. Et parando  mientres en cuemo nos mandamos comenzar a facer et edificar nuevamente en el dicho nuestro Obispado, en un Logar cabe la Ermita de Santa Agueda en uno con la dicha Ermita, e casas della, que es cerca de Guijosa, en termino de Espeja, del dicho Obispado, un Monasterio, en que vivan Fraires de S. Geronimo, e fagan servicio a Dios en los Divinales Oficios, et las otras cosas seunt su orden.

   El qual Monasterio entendemos con la aiuda, e piedad de Dios, que sera acabado de aqui a breve tiempo. Et considerando que los Fraires, que agora ende estan, et los que estuvieren de aqui adelante, non deben mendicar, segunt los derechos, et la Institucion de la Orden de San Geronimo, a cuia honra, et reverencia el dicho Monesterio es fundado, et se edifica, et se acabara de edificar en breve tiempo, queriendo Dios. Por ende Nos haviendo voluntad de dotar el dicho Monesterio, et de proveer de algun mantenimiento a los dichos Fraires, con conseio, e consentimientos del Prior e Cabildo de la dicha nuestra Santa Eglesia de Osma, damos, et facemos donacion perpetua e liberal , sin condicion alguna al dicho Monesterio, et a los Fraires de la dicha orden de San Geronimo, que en el estan, e estovieren de aqui adelante, de las heredades, que nos havemos en Pennaranda, logar del dicho Obispado, ansi en tierras, et vinneas, et huertas, et prados, pastos, montes, casas, solares, et molinos, et aguas, et calces, et pozos, et fuentes, cuemo todas las otras cosas, que a Nos, et a nuestra Mesa Obispal pertenescen en el dicho Logar de Pennaranda, et en su termino: las cuales heredades valen, et rentan tanto cada anno, que non liegan a ciento, e cincuenta, ni a las doscientas partes de lo  que vale, et riende el dicho nuestro obispado; puesto que podriamos dar la cincuentena parte de lo que vale el dicho nuestro Obispado al dicho Monesterio, que ansi comenzamos nuevamente a facer, et edificamos. Et en esta donacion, que ansi facemos, el dicho nuestro Obispado, et la dicha nuestra Eglesia non resciben agravio; et si es agravio, es pequenno, considerando la valia, et renta del dicho nuestro Obispado, e la dicha donacion que facemos al dicho Monesterio, que es tan pequenna, que non vale nin riende la cient, e cincuenta parte del dicho nuestro Obispado; quanto mas, que nos habiemos acrescentado, e multiplicado tanto el dicho nuestro Obispado, et la Eglesia en mucho mayor valia, et renta, que non es la donacion de las dichas heredades, et cosas que tomamos del dicho nuestro obispado, e Eglesia, para dar al dicho Monesterio. Et con la Misericordia de Dios entendemos acrescentar, et multiplicar mas el dicho nuestro Obispado, et Eglesia. Dada en Segovia a dos dias de Setiembre, anno del Nascimiento de nuestro Sennor Iesu Christo mill, e quatrocientos, e dos annos. El Cardenal Pedro, Obispo de  Osma. Ioan Santos Ferrandez, su Secretario, e Notario, la firmo.

   Las obras de edificación prosiguieron  a un ritmo trepidante dado el interés y el potencial económico de su fundador. En una primera etapa se construyó el claustro con las celdas y una hospedería.[10]

   Se finalizaron en 1.403 y dio comienzo la vida monástica con 25 religiosos de la orden de S. Jerónimo. A partir de este momento, se agregarán al Convento las rentas de los lugares de Espeja, Orillares, la Hinojosa, Guijosa y Santo Bernat -Santovenia- que, como hemos visto en la transcripción del Libro Becerro de las Behetrías, pertenecían en parte al obispado.[11]

   Hacemos ahora un breve inciso para retomar la biografía del Cardenal Pedro Fernandez de Frías, el "Cardenal Bueno" para unos, y maldito para otros.

   Tenía D. Pedro demasiados enemigos en Castilla deseando su pronta caída en desgracia, en estos tiempos la permanencia en la poltrona no solía ser muy duradera debido a las buenas o malas artes de los contendientes políticos; las intrigas e instigaciones eran práctica habitual.

   Estando en Burgos, en presencia del rey, discutieron acaloradamente nuestro cardenal y el obispo de Segovia Don Juán de Tordesillas. Algunos escuderos del cardenal, por propia iniciativa y pensando que le complacían, propinaron una fenomenal paliza al obispo segoviano. Para toda la corte el hecho había sido instigado por D. Pedro que no halló manera de probar su inocencia. De esta forma, por este incidente, llegó la caída del cardenal y la pérdida de los favores del rey. Fue desterrado a Roma a instancias del rey Enrique III, acabando de esta forma sus días como Obispo de Osma y privado del rey.[12]

   Antes de tomar el camino del exilio, tuvo un especial recuerdo hacia el Convento de Espeja recién fundado, dejándole 50.000 florines en la fortaleza de Cabrejas del Pinar para que los frailes hicieran uso de ellos a su conveniencia.

   Enterado el rey de la existencia de esos dineros, tan ambicioso como el cardenal, se los apropió para sí mismo.[13]

   Veamos como termina la historia en palabras del sempiterno Padre Sigüenza:

   "Entendio despues (el rey) que de los florines avia hecho donacion (el  obispo) al monasterio de Espeja, y que de justicia eran suyos: ofreciose de satisfacerlos a los religiosos, porque tenian necesidad de dinero; dixoles que  pidiessen en que querian se hiziese la satisfacion; como no havian heredado la sagacidad ni la codicia del fundador, los religiosos de Espeja respondieron que ellos eran veynte y cinco, que con veynte y cinco mill maravedies de renta perpetua, para cada uno mill maravedies, quedarian satisfechos. Hizoles luego el rey merced de los tercios de Valdenebreda[14], que valian aquella suma, y el se quedo con los cinquenta mill florines, que en aquel tiempo le fueron de mucha importancia"

                    4.1.2. DESARROLLO

   Para aclarar ideas y resumir todo lo anterior diremos que el Convento de Jerónimos se funda, en precario, en 1.401; su fundación oficial es la que se refleja en la cédula de fundación: 1.402; se termina la construcción del mismo en 1.403[15]. Las propiedades y rentas de que se mantiene, en estos primeros momentos, son las donaciones de Peñaranda, las rentas de Espeja, Orillares, La Hinojosa, Guijosa y Santo Bernat y las tercias reales de Valdenebreda (SIC).

   D. Pedro de Frías murió en Florencia en el año 1.525 y, como anuncié el el capítulo anterior, sus huesos descansan en la catedral de Burgos.

   Según el Diccionario histórico-geográfico de Pascual Madoz, componían el convento dos patios cuadrados con dos órdenes de claustros y celdas, hospedería, graneros, corrales, fuente y una extensa huerta cercada -que aún subsiste- y, por supuesto, la iglesia.[16]

   Fueron bienhechores del convento los señores de la Casa de Avellaneda. Merced a su mecenazgo, el Convento de Espeja alcanzó su punto culminante de  brillantez durante los siglos XVI y XVII.

   Fue primer patrono D. Francisco de Zúñiga y Avellaneda, tercer Conde de Miranda y Virrey de Navarra. A su muerte, en 1.525, el patronazgo pasó a su  hermano Diego de Avellaneda. D. Diego fue presidente de la Real Chancillería de Valladolid y obispo de Tuy, el más señalado benefactor del convento. Antes de acceder al patronato del convento, siendo provisor del Obispado de Osma, donó al monasterio la ermita de la Virgen de Castro, en Clunia, con todas sus heredades. El convento tomó posesión de estos bienes en 1.514. D. Diego murió en 1.537, dejando en su testamento el deseo de ser enterrado en la iglesia del convento.[17]

   D. Bernardino González de Avellaneda, primo hermano del anterior, heredó el patronazgo en 1.537. Aumentó las rentas y engrandeció la iglesia. Según Loperráez, al que estamos siguiendo constantemente, edificó la capilla mayor y el presbiterio. No tenemos noticias de su enterramiento en el interior del convento.

   Otro personaje, menos conocido, de la casa de Avellaneda fue D. Bernardino de Avellaneda que, entre otras cosas, fue Capitán General de la armada española. Donó al Convento de Espeja el estandarte de la nave capitana  y otros muchos trofeos militares. Enfrente del estandarte dejó escrito lo que sigue:

   "Para memoria del Ilustre D. Bernardino de Avellaneda, caballero del abito de Calatrava, y comendador de su orden, gentil hombre de S.M., virrey de Navarra, asistente de Sevilla, capitán general de las galeras de España, y primer Conde de Castrillo".[18]

   A partir de este momento el patronazgo pasará, en línea directa, a los descendientes de los Condes de Castrillo que continuarán la misma línea de generosidad que sus antecesores. A ellos se debe la construcción de un palacete[19] adosado a la capilla mayor de la iglesia y una cripta subterránea a modo de panteón familiar:

   "A un lado y otro del presbiterio hay dos balcones dorados por donde pueden oir misa desde su cuarto los Condes de Castrillo, por estar contigüo a dicha capilla un regular palacio, que debajo de el y el presbiterio de la capilla mayor tienen boveda para los entierros de sus patronos y sus hijos, entrandose en ella por la antesacristia al rededor de la capilla mayor y en el friso de la cornisa hay escrito una memoria de letras mayusculas dadas en negro, que dice lo siguiente:

   ESTA CAPILLA Y CRUCERO DE LA REJA ADENTRO, DOTO, REEDIFICO, Y ACABO DE SUS PROPIOS BIENES EL ILUSTRE D. DIEGO DE AVELLANEDA, OBISPO DE TUY, Y PRESIDENTE DE LA REAL CHANCILLERIA DE GRANADA. SON PATRONOS UNICOS EL EXMO. SEÑOR CONDE DE CASTRILLO, VIRREY Y CAPITAN GENERAL DEL REINO DE NAVARRA, Y SUS SUCESORES PERPETUAMENTE EN SU CASA Y MAYORAZGO. ACABOSE ESTA OBRA AÑO MDCXXVIII.

   En esto Loperraez acusa una grave contradicción, o un despiste. Anteriormente afirma que Bernardino González de Avellaneda es el patrocinador de las obras de la capilla mayor y presbiterio. Según la inscripción el autor fue D. Diego de Avellaneda y así es efectivamente pues en los pies de la iglesia, en el hastial que aún permanece en pie, se puede ver el escudo del obispo D. Diego.

   En 1.788, cuando escribe Loperraez su obra, el Convento  se encuentra  intacto, engrandecido y mejorado gracias a la acción de generosos mecenas y a la consolidación que le van dando los años. De todo lo anterior se desprende que la iglesia sufrió grandes transformaciones, en varias ocasiones, con superposición de estilos y dependencias. Más adelante haremos un intento de reconstrucción artística.

   A pesar de los numerosos bienhechores, tan solo tres miembros de la casa de Avellaneda van a elegir el Convento de Espeja para el descanso eterno. Van a erguir sus sepulcros en el interior de la iglesia D. Diego de Avellaneda, ya citado; D. Diego de Avellaneda e Isabel Proaño, su esposa, que descansarán juntos y D. Lope de Avellaneda. En el segundo de los sepulcros no aparece la fecha. D. Lope falleció en 1.586.

   Durante estos años de franco apogeo muchos son los valores que emanan del convento de Jerónimos. La vida monacal se deja notar en varias áreas fundamentales: la cultura, la economía y la religión.

   De la vida cultural del convento todo hace pensar en la existencia de un taller artístico, cuya principal actividad sería la ejecución de libros cantorales miniados y vestiduras sagradas.[20] El cantoral que se produjo en el convento fue de gran tamaño, introducido en España en el siglo XV, diseñado para colocar en medio del coro apoyado en un facistol, así todos los miembros de la comunidad pueden leer la partitura. En la catedral de El Burgo de Osma se conservan buena parte de ellos.[21] En cuanto a las casullas, en las iglesias de Espeja y Guijosa se conservan algunos ternos de maravillosa factura.

   Además de la actividad artística, otra función primordial era la administración de los bienes y rentas, el trabajo en las propiedades, la gestión de los arrendamientos.... en resumen la gestión empresarial propia de un establecimiento agropecuario de gran entidad. Es de suponer la existencia de fuertes lazos de dependencia mutua entre la propia comunidad de religiosos y las poblaciones comarcanas; en primer lugar por las relaciones económicas  digamos "libres" tales como el comercio, la contratación ...; por otra parte la dependencia subsidiaria de esa misma población hacia una institución religiosa con ciertas características de señorío jurisdiccional: cobros de rentas, administración directa de ciertos montes y terrenos hoy en día comunales etc... Todos estos aspectos están aún por estudiar.

   La circunstancia, no obstante, más fácilmente perceptible es la propiamente religiosa. Entre los frailes encontramos confesores de obispos, consejeros de nobles, albaceas...

   Otro aspecto fundamental relativo al flujo religioso es la certeza del empleo de los frailes como párrocos titulares de los pueblos vecinos. Desde su fundación hasta su caída, los curas párrocos de Espeja, Orillares, San Asenjo, La Hinojosa y Guijosa fueron frailes profesos del Convento.

   Nada sabemos del comportamiento humano de los frailes, ni de las relaciones personales con las comunidades campesinas. Averiguarlo resulta un ejercicio imposible si no disponemos de una investigación concienzuda que hoy por hoy no existe; no obstante contamos con un testimonio del Padre Sigüenza[22]alabando las virtudes y limosnas del Convento:

   "Haze mucha limosna la casa a los pobres de aquella tierra, que es gente  necessitada, y el suelo tan esteril, y si no fuese por la gran piedad del Convento, que casi los sustenta, passarian gran miseria, y hambre, y aunque al convento no le sobra, para hacer limosna no falta".

   El padre Sigüenza, como todos ya sabemos, es un jerónimo; en esa alabanza a la caridad del Convento apreciamos mucha exageración tendente a alimentar la idea de una comunidad solidaria con la población. Maticemos; no puede considerarse una comarca pobre y miserable cuando, apenas cincuenta años despues, Espeja va a conseguir el título de villa a cambio de mil cuatrocientos ducados. Evidentemente en aquella época y en aquella zona, como en todas las del mundo, habría un cierto número de indigentes, enfermos, huérfanos, viudas y marginados de toda índole necesitados de caridad, pero no se puede generalizar toda vez que, además, se cometería un error flagrante. Sí es cierto que Espeja, por su propia posición, estaba rodeada de zonas de una pobreza endémica; al Norte de la sierra de Costalago y su prolongación se abrían unos territorios con escasos recursos económicos por falta de tierra y dureza climática. Espeja, en un balcón que mira a la ribera, sin ser de natural rica en recursos y rendimientos, siempre dispuso de unos cientos de hectáreas que sembrar, regulares pastos para el ganado y leña suficiente para el invierno. Quiero decir que no creo que faltara, en cada casa, un trozo de pan y un pinazo.

   A finales del Siglo XVIII el Convento mantiene intacta su plena actividad, sin embargo, ha iniciado ya su decadencia. Esta decadencia no es muy fácil de explicar, más bien parece ser el resultado de un retroceso espontáneo de la orden, o quizás hubo otro tipo de problemas más de orden local e incluso, también es posible, que la lejanía de los centros clásicos de actividad propiciara su propia caída de forma lenta y ralentizada; en este caso la caída del Convento habría que interpretarla dentro de un contexto más general como de una decadencia de toda la comarca de influencia.

   Dejando atrás posibles hipótesis, lo cierto es que cuando escribe Loperraez -1.788-, en el Convento hay tan solo 16 religiosos y, pocos años más tarde, en 1.821, aparece clausurado a todos los efectos aunque mantiene en las cinco parroquias sendos frailes profesos del Convento como curas párrocos.[23]

   Según Núñez Marqués, que recoge el apunte en la obra "Guía de la catedral de El Burgo", los frailes abandonaron el convento en 1.809 aunque no señala la procedencia del dato. En 1.820 el cabildo de la catedral solicitó formalmente los cantorales, alhajas, imágenes y demás objetos de valor que aún se hallaban en el interior de la iglesia.[24]

   En 1.821, aparece como cura párroco de Espeja, Fray Nicanor Catabrana.[25]

4.1.3. DECLIVE Y ABANDONO. LA DESAMORTIZACIÓN.

    Uno de los trabajos más concienzudos sobre el Convento de Espeja se debe a D. Florentino Zamora Lucas, publicado en 1.956 en Celtiberia con el título "La desamortización en la provincia de Soria. El monasterio de Espeja desaparecido en nuestros días". El estudio profundiza, más que nada, en los aspectos relativos al proceso desamortizador. Muy bien documentado, aporta un magnífico inventario de los bienes del Convento en sus últimos años. Más adelante lo transcribimos en su integridad.

   La desamortización es un fenómeno político-religioso y, sobre todo, económico ocurrido en España en la primera mitad del Siglo XIX. Proyecto que emanó de las Cortes de Cádiz de 1.812, y que va a ser bandera y paradigma del sector liberal durante casi 30 años.

   Reinando Fernando VII se produce el llamado Trienio Liberal en el que gobiernan los liberales a causa del Pronunciamiento de Riego, ocurrido en Cabezas de san Juán en 1.820. Este mismo año se publica el Decreto suprimiendo todas las órdenes religiosas -primer paso para la expropiación de bienes-. El Decreto no se llega a aplicar por la vuelta al gobierno de los absolutistas después del triste episodio de la invasión de los 100.000 hijos de San Luis en el año 1.823. De 1.823 a 1.833, en que muere Fernando VII, los absolutistas gobiernan con enconado despotismo ejerciendo una brutal represión de todos los sectores liberales, esos diez años han pasado a la historia como la "década ominosa". Ya con Isabel II, regente Mª Cristina, a partir de 1.833, se vuelve a retomar con más fuerza el proceso desamortizador iniciado en 1.820.[1]

   El 29 de Junio de 1.837 se aprueba definitivamente el Decreto que extingue monasterios, conventos y congregaciones de toda índole. Años antes habían empezado los primeros escarceos expropiadores. El fin mismo de la desamortización era poner en circulación un impresionante volumen de patrimonio inmueble y pecuario que, a lo largo de siglos, había ido acumulándose en manos del clero fruto de donaciones, herencias, transacciones, apropiaciones ... y que ahora se encontraba retenido y mal aprovechado.

   La idea de los jerarcas políticos, obsesionados por las teorías fisiócratas y deseando emprender una reforma agraria, era la expropiación y posterior subasta pública de esos bienes para que, en teoría, revirtieran al pueblo en pequeños lotes que serían mejor atendidos, mejor explotados, aumentados los rendimientos y los trabajos. Se trataba, en resumen, de conseguir la explotación de todos los bienes retenidos matando de un sólo tiro el pájaro de la eterna aspiración liberal, del inicio de una incipiente reforma agraria y del relanzamiento de la economía[2] a través de la agricultura.

   Este gran plan que fue la desamortización constituyó una fenomenal chapuza no exenta de grandes dosis de corruptela y amiguismo por parte de las autoridades provinciales encargadas de poner en marcha el proceso. Los bienes expropiados, lejos de acabar en manos de pequeños agricultores, pasaron al dominio de grandes terrateniente, burgueses de capital y arrendadores absentistas que eran los mejor situados económicamente y quienes, por cantidad de dividendo, acudían sin falta a las subastas. De esta forma los bienes pasaron de manos privilegiadas a otras iguales que también van a tenerlas de capricho y no van a invertir en mejoras para la explotación.

   La expropiación vino precedida por un trámite "legal" por el cual se exigía a los obispos de cada diócesis los inventarios de los bienes contenidos en los conventos. El primer inventario del Convento de Espeja, pues se hicieron dos, data del 24 de Enero de 1.821; se hizo a petición de Fray Manuel Gil, comisionado por el Obispo de Osma para recibir y responsabilizarse de los bienes. Se hizo en presencia de Fray Nicanor Cantabrana, hasta entonces párroco de Espeja, y del alcalde constitucional de la villa, Tomás Llorente.[3]

   El segundo inventario es del 4 de Diciembre de 1.835 y lleva solamente  la firma de Fray Francisco Muro, párroco de Guijosa.

   El trabajo de D. Florentino aporta también dos oficios del párroco de Espeja en el que da cuenta de un episodio ocurrido  esos años en relación a los temas que estamos tratando. Ese episodio que más tarde vamos a transcribir va a ser el origen de una "leyenda negra" en relación al abandono del convento, que va a circular de boca en boca hasta nuestros días alimentando el morbo de los lugareños.

   En ambos oficios, el primero de 15 de Diciembre de 1.835 y el segundo de 7 de Febrero de 1.837, se da cuenta al Señor Deán y Gobernador eclesiástico del Obispado de Osma, D. Matías Naharro de un hecho ocurrido días antes de la primera fecha en el Convento de Espeja. Según se desprende de la carta firmada por Francisco Muro, párroco de Guijosa[4], pasó por allí un comandante con 30 hombres a caballo, llevándose la cruz de plata y retenido como preso a D. Ángel Ruiz, último prior del Convento que residía en él por orden de la subdelegación de Amortización. Como quiera que la autoridad eclesiástica le debió solicitar más aclaraciones al párroco, éste les escribe de nuevo dos meses después.

OFICIOS DEL CURA DE GUIJOSA

     Primer oficio. 15-XII-1.836

    Señor Deán, y Gobernador Eclesiástico de este Obispado de Osma: D. Matías Naharro de toda mi estimación y respeto.

    El Día trece del actual se presentaron en el Monasterio extinguido de San Gerónimo de Espeja (según me ha informado D. Ángel Ruiz, último prior del dicho, y que allí reside con aprobación del Gobierno) treinta soldados con un comandante y que este le pidió el inventario de las alhajas de la iglesia, y habiendole contestado D. Ángel, que le tenía el Cura de Guijosa, me le envió a pedir, y que me presentara; mas yo se lo envié con el mayordomo de mi parroquia diciéndole que yo no podía presentarme, por estar lloviendo, haber malos caminos, y tener sesenta años de edad.

    Se llevó preso hasta Huerta de rey al dicho D. Ángel Ruiz y la cruz de plata, y el inventario. Yo ya nada puedo decir de lo ocurrido, porque nada he presenciado.

     Tenga Vuestra Merced la bondad de avisarme, de lo que debo hacer para no caer en falta. D. Ángel da parte de esta ocurrencia al Sr. Comandante de armas de esta villa.

   Dios guarde a V. muchos años que le desea su afectísimo amigo y respetuoso súbdito.

     Que besa su mano. - Francisco Muro.- Firmado y Rubricado.

Guijosa y diciembre 15 de 1.836

    Señor Gobernador eclesiástico D. Matías Naharro.

    Segundo oficio. 7-II-1.937.

     En contestación al oficio de V. S. del quatro del que rige, digo y repito, que yo nada vi, ni presencié, pero que D. Ángel Ruiz, Presbítero, Monge exclaustrado del suprimido Monasterio de san Gerónimo de Espeja, que reside en el referido monasterio de orden de la Subdelegación de Amortización me ha comunicado lo siguiente:

     Que mientras toda la facción de Gomez estaba pasando por detras del Monasterio un comandante que dijo ser el secretario del dicho Gomez, con unos cuarenta hombres de a caballo se presentó en el referido Monasterio, pidiendo se le manifestasen todas las alhajas y ropas pertenecientes al culto, y su inventario, y todo lo vio, llevándose la cruz de plata y al referido D. Ángel hasta Huerta de Rey, al que dio libertad al día siguiente para volver a su casa.

     Luego pues que regreso. yo el infrascrito di parte a V.S. de esta ocurrencia por escrito que llevó D. Martin Guinea, que a la sazon se hallaba presente. Este mismo llevo otro oficio del dicho D. Ángel Ruiz para el Comandante de El Burgo, y dice D. Ángel que no le ha contestado. Igualmente envió otro oficio al Subdelegado de Amortizacion en Aranda de Duero, y dice tampoco le ha contestado.

     Las ropas pertenecientes al culto estan y ocupan los mismos cajones de la sacristía que siempre han ocupado; y las alhajas de plata en los armarios de dicha sacristía en donde siempre han estado.

     Me es imposible darles su valor aproximado, pues carezco de todo conocimiento en la materia.

     Remito por separado el valor, digo el peso que tienen dichas alhajas; pero el peso de la cruz que se llevaron,[5] lo ignoro, como tambien lo ignoran a quienes he preguntado.

     Dios guarde a V.S. Muchos años.

    Guijosa y Febrero de 1.837. Besa la mano de vuestra señoría. Francisco Muro.

        Señor Gobernador del Obispado D. Matías Naharro.

     La leyenda negra a que me he referido anteriormente esta basada, de alguna forma, en los hechos verídicos que acabamos de relatar pero bastante apañada con abundantes dosis de mala leche. Yo la he oído contar como cierta hace años y, antes de seguir con el asunto, me permito un breve inciso que viene a colación, referente a la validez de las tradiciones orales. Siempre he defendido la investigación apoyada en relatos que aporta la tradición, siempre me ha parecido conveniente la atención a las historias que cuentas los abueletes; pero tengo que aclarar que la validez de esos recursos resulta interesante en tanto en cuanto nos pueden servir como punto de partida a algo que debe ser mirado con lupa y depurado de todos los adornos, imprecisiones e invenciones de carácter legendario y, en ocasiones, cáustico. La siguiente versión de los hechos que voy a tratar de glosar según la memoria me da a entender, es un buen ejemplo de los peligros que, a veces, entrañan las tradiciones populares.

     Dice esta tradición que los frailes del convento habían desembocado, con el paso de los años, en un modo de vida bastante licencioso; la dureza de la vida conventual requería, en ocasiones, momentos de asueto y placer que la hicieran más llevadera. Cuentan los cronicones que estos siervos de Dios, abusando del poder sobre las conciencias de los pobres aldeanos, conseguían convencer a los padres de las muchachas comarcanas para que las dejaran asistir al recinto del convento a tomar lecciones de gramática o simplemente a ayudar en las tareas diarias. No tardaron en comenzar los abusos sobre las pobres muchachas que no podían negarse a los requerimientos sexuales de la comunidad. Según parece los pobladores de la comarca conocían y, en silencio, permitían tamaños desaguisados sin valor para oponerse dado el poder del convento. El asunto terminó cuando, con bastante falta de prudencia, los frailes quisieron obtener los favores de una determinada damisela sin enterarse que su padre ausente era un militar de alta graduación que se encontraba en campaña; cuando este hombre regresó y se enteró del intento de abuso decidió dar un escarmiento a los corrompidos frailes.

     El mismo día que nació el "Tío Bernabas"[6] se presentó este militar en el Convento de Espeja acompañado de 30 ó 40 de sus hombres a caballo; descabalgando, hizo a su tropa la prevención de que si no salía de ese recinto en un lapso prudencial de tiempo entraran a saco a buscarle arrasando todo lo  que se les pusiera por delante. Dicen, los que saben, que este padre ofendido apaleó sin desmayo a toda persona con falda que se encontró por allí y cuando acabó, agotado del ejercicio, concedió a los frailes unas pocas horas para recoger sus pertenencias y desaparecer de aquellas tierras.

   Termina el relato diciendo que al amanecer del día siguiente, cuando las beatas del lugar se dirigieron a los oficios, no encontraron a nadie en el convento. Los frailes habían huído al amparo de la noche ocultando, de esta forma, su vergüenza y deshonor.

   Y, de esta curiosa forma, inventó la tradición popular el fin del convento de Jerónimos de Espeja. Sin comentarios.

   Ahora vamos a continuar con el verdadero relato que ha dado lugar a la fantasía anterior.

   Para el lector profano es menester aclarar algunos aspectos históricos sin los cuales difícilmente se puede entender este episodio. En 1.833 muere Fernando VII, previamente había abolido de "motu propio" la Ley Sálica que impedía reinar a las mujeres en España. Si no se hubiera producido este hecho, los derechos sucesorios hubieran recaído en el hermano de Fernando, D. Carlos, y no en Isabel, hija legítima del rey difunto. España se dividió en dos mitades, una partidaria de D. Carlos, caracterizada por unos ideales absolutistas y tradicionales, y otra favorable a la reina Isabel, de carácter liberal y progresista. En realidad lo que se produce es la sublevación del infante D. Carlos al que le siguen numerosos partidarios, levantándose en armas contra la reina recién proclamada en un intento de acceder al trono por la vía de la guerra. El movimiento carlista se va a producir fundamentalmente en el norte de España; País Vasco y Navarra van a ser los abanderados de este intento de vuelta a la tradición al grito de "Dios, Patria y Fueros", uniendo  ciertas reivindicaciones de tipo local a la gran meta de todos que es coronar en el trono de España a D. Carlos y, de rebote a todos los elementos conservadores.

   Este enfrentamiento de carácter civil se conocerá como Guerra Carlista y se va a desarrollar en tres etapas diferente; nos interesa la primera de ellas que tiene lugar entre 1.833 y 1.839 llamada Primera Guerra Carlista.

   El episodio que se narra se produce en plena 1ª Guerra Carlista y, no hace falta ser muy avispado para comprender que la "facción de Gómez" es una columna isabelina-liberal que, seguramente, cruza por territorios del Convento en dirección a alguna campaña norteña. El bando liberal está plenamente identificado con las ideas desamortizadoras y por propia iniciativa van a penetrar en el convento reclamando el inventario de bienes; la animadversión hacia el clero es algo patente pues, los propios bandos enfrentados, van a canalizar también sus aspiraciones a través del apoyo de unos y el rechazo de otros a todo lo que huela a incienso.

   De todo lo anterior se desprenden dos ideas fundamentales. En primer lugar, que ahora se inicia el abandono definitivo del convento; en segundo lugar, que este abandono era ya un hecho constatable en los años en que nos movemos -1.836-. En esta fecha la vida monástica esta, a todos los efectos, saldada y tan solo permanecen, por obligación, algunos custodios representados por los curas de Espeja y Guijosa, antiguos frailes profesos, y el último prior: D. Ángel Ruiz.

   La revisión del inventario nos ofrece una gran cantidad de objetos de arte y culto; es de suponer que el expolio se hubiera iniciado ya por esas fechas; así pues, la lectura cuantitativa de esos objetos debe hacerse teniendo en cuenta esos extremos. De todas formas, para mejor conocer la envergadura artística del convento, ofrecemos a continuación la relación detallada y sucinta de bienes, recogida por el profesor Zamora Lucas.

        INVENTARIO DE 1.821

     En cumplimiento del oficio del Sr. Eugenio Avinareta, Administrador del crédito público del partido de Aranda, fecha diez y ocho de enero de mil ochocientos veinte y uno pasó el Sr. Alcalde constitucional de la villa de Espeja Tomás Llorente al Monasterio de San Gerónimo de dicha jurisdicción a efecto de hacer formal entrega de los vasos sagrados, ornamentos, imágenes y demás pertenecientes al culto al R. P. Fray Manuel Gil encargado por el ilustrísimo Señor Obispo de esta Diócesis para recibirlo, y custodiarlo en su nombre y representación; y dicho P. Comisionado mediante no haber acompañado al Sr. Avinareta el inventario que de orden del gobierno se ha hecho de dichos objetos pidió que, con toda especificación, se hiciese uno del que pudiera salir responsable y se verificó en la forma siguiente:

 CRUCERO, ALTAR MAYOR

    Primeramente se le hizo entrega de la Yglesia en que se contienen el altar mayor, con un tabernáculo bueno, dorado, dentro del cual hay un copón (en que se reserva el Santísimo) y es de plata.

- Iten una imagen grande de Nuestra Señora de la Asunción.

- Iten cuatro cuadros o medallas grandes, que representan varios misterios de Nuestra Señora.

- Iten una imagen grande de bulto de un Santo Cristo, y otra de nuestro Padre san Gerónimo, puesto de rodillas.

- Iten dos mesas de credencias.

- Iten dos balaustrados de hierro en el presviterio.

- Iten una lámpara de oja de lata labrada y grande.

- Iten un altar colateral al lado del Evangelio en el crucero de la Iglesia, con un cuadro grande de Nuestro Padre san Gerónimo.

- Iten otro cuadro de San José al remate.

- Iten en la peana de dicho altar hay una urna de cristal en que se contienen las reliquias del glorioso san Marcelino.

- Iten otro colateral al lado de la Epístola con un cuadro grande de Nuestra Señora, San Juan Evangelista y Santa Catalina.

- Iten un cuadro pequeño de santa Teresa al remate.

- Iten en la peana de dicho altar hay un arca labrada de varios metales, que contiene las reliquias del martir San Diódoro.

 CUERPO DE LA IGLESIA

          - Iten cuatro altares en el cuerpo de la Iglesia el uno de San Rafael, ambos de bulto, otro de la Visitación de Nuestra señora y el otro de Santa Catalina, estos dos en cuadros pequeños.

- Iten un enrejado grande de hierro que divide la Iglesia del crucero.

- Iten un púlpito con el pie de jaspe bien labrado enrejado de hierro  dorado con un guardavoz de talla bien trabajado y dorado.

- Iten cuatro confesionarios en el cuerpo de la Iglesia, y uno en la capilla de San Marcelino.

- Iten otro cuadro grande con marco de Nuestra señora de la Asunción sobre la puerta de la sacristía.

- Iten un sepulcro al lado del Evangelio del altar mayor con una efigie del Señor Obispo D. Diego de Avellaneda todo de alabastro.

- Iten otro sepulcro en la capilla de san Marcelino de jaspe y alabastro en que yace D. Lope de Avellaneda.

- Iten otro sepulcro en la capilla de Santa Catalina de alabastro y jaspe con una estatua del Caballero D. Diego De Avellaneda.

- Iten dos enrrejados grandes de hierro uno al lado del Evangelio y el otro al lado de la Epístola, que sirvieron de tribunas.  

 SACRISTÍA

    Primeramente un altar en la capilla que se dice de Santo Eccehomo por estar en él su Santa imagen, sumamente devota colocada, entre cristales y en dicho altar hay un Santo Cristo de bulto por remate.

- Iten en dicha capilla hay una estatua pequeña de San Sebastián; otra de Santa Agueda, y ocho cornucopias doradas con sus cristales.

- Iten un cuadro pequeño con marco de San Lorenzo.

- Iten otro pequeño sin marco de San Esteban.

- Iten un altar con una estatua grande del Santo Cristo con su cortina, dos cornucopias, dos espejos grandes, dos gradillas y u tabernáculo.

- Iten una urna pequeña dorada con una imagen de San José.

- Iten cuatro cuadros, dos embutidos en la pared, uno pequeño con marco común y el otro grande con marco dorado.

- Iten un altar de talla dorado con un cuadro grande de Nuestro Padre San Gerónimo.

- Iten por el interior de dicho altar hay una cruz grande de ébano con un santo Cristo de marfil.

- Iten dos medios cuerpos de las once mil vírgenes con sus reliquias.

- Iten dos medios brazos con reliquias de los santos mártires de Agreda.

- Iten otro altar de la coronación de espinas del salvador en un cuadro grande.

- Iten dentro de dicho altar hay una cruz grande de ébano en que estan embutidas varias reliquias y le falta el remate del brazo izquierdo.

- Iten dos medios brazos cada uno con sus reliquias.

- Iten dos adornos de bronces para reliquias.

- Iten en el cuerpo de la sacristía dos urnas con sus cristales en la una hay una estatua de N.P.S. Gerónimo, y en la otra un Niño Jesús.

- Iten una cajonería nueva de nogal con seis cajones grandes, un niño en el medio, y por remate un Santo Cristo con adorno de talla dorado.

- Iten otra cajonería buena de nogal con quince cajones su resplandor y remate de la misma madera con un niño de bulto en medio.

- Iten una papelera de nogal para guardar cálices, amitos y otros menesteres pertenecientes al culto divino, con veinticuatro cajones pequeños y tres medianos.

- Iten un confesionario y un espejo pequeño.

- Iten siete cuadros incluidos dos que hay en el lavatorio.

- Iten una cruz de madera negra con la manzana, u guarnición de bronce.

- Iten dos ciriales de bronce.

- Iten un calderillo de bronce con su aspersorio de lo mismo.

- Iten un incensario y naveta de bronce.

- Iten un banco grande de nogal con respaldo y dos cajones.

- Iten dos alacenas de con sus puertas y cerraduras.

- Iten un Jesús Nazareno de bulto pequeño.

- Iten dos urnas de cristal, y una peana pequeña dorada.

- Iten un viril con la peana de plata en que se hallan embutidas varias piezas de ámbar y algunas le faltan.

- Iten un cofrecillo pequeño de marfil.

- Iten una cajita de plata afiligranada, y dorada por dentro.

- Iten un cáliz de plata dorado con su patena.

- Iten cuatro cálices de bronce con la copa de plata y sus patenas.

- Iten cinco platillos de peltre.

- Iten cinco pares de vinajeras pequeñas de plata.

- Iten una ampolla de plata con el óleo de la Santa Unción.

- Iten veinte y seis paños de cálices.

- Iten veinticuatro bolsas de corporales, cada una con los suyos.

- Iten veintidós cornualtares.

- Iten cuarenta purificadores.

- Iten ocho amitos, los tres con cintas.

- Iten tres cruces de ébano con sus crucifijos.

- Iten seis candeleros de ébano.

- Iten una sacra, y Evanjelio de ébano.

- Iten seis candeleros grandes de bronce.

- Iten una cruz grande de bronce con su crucifijo.

- Iten una sacra grande para el altar mayor.

- Iten diez candeleros pequeños de bronce y dos de estaño.

- Iten seis cruces de bronce con sus crucifijos.

- Iten siete misales con sus atriles.

- Iten nueve aras que estan e los altares.

- Iten seis sacras comunes en seis altares.

- Iten cuatro bancos de respaldo de pino en la Iglesia.

- Iten un candelero para el cirio.

- Iten otro triangulado para tinieblas.

- Iten cuatro gradillas para el monumento.

- Iten veinte ramos pequeños y cuatro grandes.

 ROPA BLANCA